miércoles, 10 de febrero de 2016

10ª Etapa: FONFRIA-SARRIA Por SAMOS 38 km (Camino Francés)

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Monasterio de Samos

La noche tras una media pastilla de Maki fue todo un limbo de sueños, de los cuales nos levantamos algo tarde, para el común de los mortales, peregrino me refiero.

Puestos en pie y tras un desayuno fuerte en A Reboleira nos fuimos con viento fresco en leve descenso hacia Triascatela, un tránsito en general bastante solitario en el cual como mucho al echar la vista atrás veíamos a los peregrinos extranjeros tras nuestras cómodas huellas, pues nuestro ritmo no era alto, pero si era seguro, aunque las marcas jacobeas no dejan lugar a muchas dudas; además nos íbamos reservando al menos yo pues la ruta iba a tener una variante como ir hacia Samos, un pequeño rodeo que me iba a suponer colocarme en unos casi 1000 mts., de desnivel acumulado, y además desconocía el tramo de Triacastela-Samos-Sarria

El tramo hasta O Biduedo va como para el Noroeste, para desde ahí virar más hacia el Oeste tomando el GR-65 camino de otro pequeño núcleo como Fillobal que nos da paso a la aldea de Pasantes, zona de amplios caminos entre robles, con alguna que otra vieja ermita jalonando el camino jacobita. Son tramos que se dejan camina bien, algunos de ellos han sido fruto de acondicionamiento por parte de la Xunta de Galicia, con fondos de la Comunidad Europea (FEDER), lo cual ha hecho una cierta homogeneización del camino a modo de senda tipo en la cual por ejemplo mis sandalias van de maravilla.

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Los arados y Maki, preparando sus petas de «caldo» a la vieja usanza

En esto lares ya empezamos a ver algún otro jacobita que viene de regreso de Santiago, y lo paradójico es que al igual que nos vamos a encontrar otros cuantos, en general no suelen dar la cara, pues van metidos en su trajinar diario y cotidiano de llegar a casa, y lo sorprendente también son sus grandes mochilas. Es realmente una imagen que impone.

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La comercialización del Camino se va imponiendo y dejando sentir, desde el año 2008 que lo había hecho este tramo ahora noto lo cambios, se ven los establecimientos más cuidados y de una cierta calidad en cuando la contenido y continente, lo estético marca mucho en determinados bares y tabernas.

Por el camino nos asalta todavía la tierra ancarina con sus muestras de pallozas con sus tejanos de ramasco vegetal, como habíamos visto hacer en El Cebreiro, en este caso lo vemos encarnado en un pequeño hórreo, a la vez que vemos las amplias y suaves tierras gallegas y como el monte va cercando a algunas cuidadas praderas de pasto, estamos pues en las tierras donde sí se deja notar la vena priscilianista, lo da el paisaje y el paisanaje. 

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Los repechos para los extranjeros en descenso son mortales, se nota que no están del caminar, en cuanto me ven bajar por los repechos en zig-zag, pues llevamos unos 11 kg y no es cuestión de ir reteniendo el cuerpo con todo ese peso, para lo cual voy de orilla a orilla en diagonal, veo que la emulación funciona y ponen cara de asombro de que se pueda bajar de forma tan cómoda e incluso subir. Alguno levanta el pulgar en agradecimiento.

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La verdad es que el camino nos está dejando estampas muy bucólicas, grandes chimeneas, y tejados de pizarra, y antiguos palomares circulares.

Llegar a Triacastela se echa en falta los postuladores de las viejas posada compostelanas que venían hasta estas tierras a cantar las bondades de sus posadas y posaderos, y por tanto la población vivía como hoy vive aún del peregrinaje y de la caliza, camino de ella, encontré a una buena señora sacando sus «patacas» y quise hacer la obra de caridad del día para llevarle el cubo hasta la puerta de la casa, y casi me deslomo del peso, y eso que la señora lo había transportado huerta arriba.

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En Triacastela, en el 2008 desayuné con mi vetusto enemigo, mendigo profesional de O Cebreiro que solía bajar hasta Sarria, y al que dispute el alojamiento en el pórtico de la iglesia, y desayunando curé la ampolla que me había salido en aquellos momentos en el pie derecho, con celedonia, o sea la famosa cirigueña asturiana.

En el pueblo en cuesta Maki y yo nos separamos el iría por Xan Sil y yo por Samos, pues tenía clavada la espina del 2008 de no haber visitado Samos, por lo tanto, ahora era el momento. Le dí a Maki las claves de todo su recorrido y las maniobras a tener en cuenta, de las que hizo, digamos que el menor caso, y así me vi camino de Samos con dos asiáticas pegadas a mis talones, y con esa prisa suya tan característica cruce de miradas y sonrisas, pero las cuales me abandonaron a mi suerte en cuanto saqué mi cámara y vieron que entretenía demasiado tiempo en sacar fotos, y claro conmigo no llegarían a buen puerto.

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Adiós que te vi, además como no hablo ni papa de inglés cualquier intento de comunicación era fallido, por lo cual cada uno a lo suyo carretera adelante a la par de ella y del río Oribio hasta entrar en una sucesión de bellas corredoiras y caminos, bastante pisadas por las que desfilé por parajes muy bucólicos y muy solitarios que eran jalonados por pequeños pueblos como San Cristovo o el sorprendente topónimo de Lastres que se atraviesa en un santiamén.

La verdad es que el tramo lo recreé en toda su dimensión al igual que la entrada a los predios del Monacato de Samos que disfruté de su soledad y a cuya vera descansé un largo rato a la vez que daba cuenta de un buen pan de centeno con queso y chorizo, pena de bota e vino. Allí junto al colosal muto Sur del Monasterio en un pradito al lado del río que circunda al monacato, rememoré unos cuantos años pasado en la Galicia profunda de Valeixe y mis años de correría monacales por la dura y ancha Castilla

Aproveché mi soledad tambien para ir sacando fotos a los cementerios del Camino, pues esa era la idea, tomar fotos de la muerte en el Camino Jacobeo

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Tras los recuerdos en la placida campiña que rodea el monasterio por la parte trasera, recogí mis bártulos y en soledad circundé el gran complejo monacal, entrando a sellar en mi libreta de notas en el angosto albergue monacal, pues mi credencial se la había llevado Maki, o sea que no quedaba otro remedio, con todo mi pesar, que sellar sobre mis notas de diario, me hacía ilusión sellar la Credencial en Samos y tener ese correlato de sellos que íbamos consiguiendo, un par de ellos al día.

De Maki, nada sabía todos los intentos de comunicación eran fallidos, y además me estaba quedando sin batería en el teléfono móvil, y eso que le recordé que estuviese en contacto de forma intermitente.
Además, teníamos un problema, y es que viendo cómo iban de llenos los albergues, encargué a mi sobrina nos fuera encargando un par de literas a medida de lo que íbamos viendo que íbamos a caminar, por tanto en Sarria la reserva se puso complicada, y el único sitio donde había lugar era en el Monasterio de la Merced, y tenía que comunicárselo, pues tampoco su hoja (Noemi) era a localizarlo
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Salí de Samos en completa soledad, con algo de envidia sana en los ojos de algunos peregrinos/as que asomados a las ventanas de sus hospedajes me veían partir a eso de la media tarde camino de Dios sabe dónde. Mi idea era haberme quedado en Samos a dormir, y coger a Maki al otro día, pero me daba miedo ese dejarlo solo, por tanto, eché andar al lado de la carretera Nª LU-633, acompañando al río Sarria, hasta el desvío de Teiguin, con 24 km andados 

A partir de aquí fui enhebrando una serie de carreteras locales pasando por diversas aldeas de la parroquia de Castrocán, subiendo río Sarria arriba hasta llegar a Perros casi que 8 km de completa soledad, con el atardecer cayendo sobre mí, y con escasas marcas del Camino, que daba vueltas y más revueltas, menos aml que mis andalias no me molestan en la senmpiterna ampolla que llevo arrrastarndo desde las tierras babianas. Enj el trayecto observa que hay quien deja tambien atrás sus calzos.

Al final empalmé con el Camino principal en Aguiada, pero de Maki, seguía sin saber absolutamente nada, pregunté a algunos peregrinos que ya se estaban aposentando en la zona para pasar la noche, pero nadie sabía decirme nada, o sea que seguí a toda prisa el viaje hacia Sarria, donde ya llegué con la noche cerrada.

Una curiosidad del camino y que me recordó a aquellos tiempos donde el cura y la guardia civil visitaban a los que trabajaban los domingos, y que recojo como una referencia histórica, y que vuelvo a rememorara viendo las fotos que había ido sacando durante el Camino

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De Maki, nadie sabía nada, o sea que crucé la ciudad vieja camino del altozano monasterio de la Merced, acordándome del puto Maki, pues ya eran casi las 10 de la noche y no había llegado al albergue como me comentaron al llegar, y con problemas para alojarme ya que mi credencial la traía él. Cogí dos literas para cuando llegara, y como ya estaba todo cerrado para cenar, pues con los restos que había en la mochila y algunas otras viandas del bien nutrido albergue, me dispuse a recuperar fuerzas, que falta me hacía, después de la kilometrada y el ritmo final para llegar a Sarria.

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En el viaje anterior dormí frente a este monasterio, pues como iba sin credencial, no podía dormir en dicho lugar, y cansado como estaba dormí al lado de unas innovadoras estatuas-capullo que allí había. Ahora el lugar de dormida es hermso, bien cuidado y con una atención exquisita, pese a las horas tan intespetivas  a las que llegamos algunos extraños peregrinos ataviado con sombrero y raro bordones cargados de cintas al modo compañónico, el mio tiene calaras referencias por un lado territoriales y por otras masónicas, cada color responde a una serie de grados masónicos. Este será posiblemente un buen lugar para pernoctar cuando en primavera hagamos el Camino de Santiago hacia Oviedo .

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Cuando estaba dando por resuelta la cena, llegó Maki, que según é llevaba dando vueltas por Sarria desde las 6 de la tarde, eso sí haciendo honor al otro santo patrocinado del Camino, San Miguel, pues se había tomado unas cuantas cervezas y aprovechando para darme mi credencial peregrina a la vez que me comentaba lo provechoso de la estancia, pues tenía unos 17 flamantes sellos nuevos, casi todos ellos de la zona de Sarria.

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La mirada que le eché debió ser bastante efectiva porque escapó raudo y veloz para su litera, mientras veía el destrozo que había hecho mi querido hermano sobre mi credencial. Para verlo y no creerlo.

En fin son las cosas del Camino, ya todo concluido y reunidos, me tomé un largo vaso de té, y me relajé pensando en todo el trayecto que hice en la soledad del terruño gallego tan peculiar y singular, al menos a mí siempre me lo ha parecido, y pensando en ese paisaje de Samos y las aldeas perdidas de Castrocán, pues pensaba como el paisaje modela los caracteres y hace posible pues eso que en Galicia se haya dado con tanta fuerza el mensaje de Prisciliano, del cual apenas si queda nada… o eso creo.

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Mañana será otro día, pues hoy han sido 40 km de ruta ty cerca de 1000 metros de desnivel de ascenso, y tras las palizas anteriores , uno necesita descansar.
Victor Guerra