sábado, 18 de junio de 2016

11ª Etapa: SARRIA–GONZAR 32 km (Camino Francés)

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El día tras un largo e intenso descanso, digamos que no empezó muy bien, Maki, se levantó primero y por aquello de no recordar la movida de la noche anterior se apresuró en la salida del albergue del Convento de la Magdalena, y dado que yo iba a fotografías el cementerio de Sarria, comentó que nos veríamos en el primer bar para desayunar.

EL Cementerio de Sarria, no es ninguna maravilla, y reproduce pues los clásicos esquemas de los cementerios de las grandes poblaciones, la permanente reconversión de los enterramientos, en una mezcolanza extraña de nuevos mármoles y figurillas en compañía de los viejos nichos que se encastran desde tiempos ha en los muros del cementerio. Algún resto queda de los vetustos enterramientos, sencillas tumbas jalonadas con las cruces de hierro fundido, o aquellas otras delimitadas con láminas de negra pizarra, a modo de pequeñas parcelas, lo cual es significativo.

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vez fotografiado el camposanto en medio de una densa niebla, al retomar el camino hacia Sarria ya me di cuenta que las marcas santiagueras nos echaban al camino antes de alcanzar las primeras casas de Sarria, y teniendo en cuenta la bajada que había, mucho me temí que Maki hubiera tomado las de Villadiego camino adelante, baje hasta casi la mitad de la rúa de bajada de Sarria, entrando en todos los garitos buscando a Maki, pero este no estaba en ninguno de ellos

Sarria-GOnzar

Por tanto, me estacioné para desayunar lo mejor que pude, viendo salir de Sarria a los rezagados, mientras los contemplara y reflexionaba sobre las prisas del Camino y sus caminantes, me vino a la memoria el viaje anterior, en el cual había dormido a la salida de Sarria al lado mismo del Camino, y cuando no había aún amanecido pues ya el personal transitaba por la zona con frontales, dándome la tabarra, pensando que me había muerto o algo así.

La verdad es que esta parte el priscilianista camino es bonito y muy sugerente, por lo cual hacerlo solo, tampoco se me hacía pesado, y más sabiendo de que Maki, ya estaba enfilado hacia Santiago, pues aquí con todo señalizado y con bares de por medio, no había pérdida, estaba en su salsa.

Tras unos primeros kilómetros, que fui solo, al final fi rebasando a los fatigados jacobitas a través de la densa arboleda donde se codea el pino y el roble, a estas alturas de la ruta ya se empieza a notar un cambio en el semblante del personal jacobita, se deja notar el turisteo santiaguero, y la presencia de grupos, sobre todo «guiris» es importante y su potencia se ve en las indumentarias, en la potencia económica que muestran en los bares, pidiendo botellas enteras de vino Rioja de primera calidad, es a los que vemos a lo largo del Camino recostados en los oasis del Camino, chiringuitos jacobitas, con sus músicas relajantes, sus hamacas, etc; lo cual rompe con la austeridad del camino que venimos haciendo.

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No se puede negar esto es la modernidad y la parte comercial del Camino que algunos tanto odian, aunque entiendo que con este barullo turístico aquellos que quieran un Camino más iniciático, lo tiene un poco difícil, pero los territorios hacen de sus entonos un producto turístico y Galicia siempre lo ha sabido más o menos explotar.

En esta etapa pude ver «como ponían de nuevo camino» o sea como los servicios de limpieza recogían las papeleras de este «restaurado Camino a modo de Senda Verde» y como se hacían con los clásicos muestrarios de pañuelitos que se quedan en los caminos tras las meadas de las féminas, y digo fémina, por lo apartado del lugar de la micción.

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Las marcas blancas y amarillas y la diversa señalítica que jalonan el camino se suceden en el transcurso del trazado sin mucho orden y concierto, en ocasiones vemos como los hitos se van llenando de multitud de piedrecitas y recuerdo a modo de cifrados mensajes, lo cual en parte se complementa con unas interesadas ofertas de productos para el camino median un óbolo, como el que encuentro al poco de empezar, como el puesto que mediante un cartelito reclama una ayuda puesto que el penitente/a que debe dormir a pierna suelta en una tienducha de plásticos de al lado, piensa peregrinar a Roma.

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Los grupos aparecen entre la bruma por las aldeas de As Paredes y Vilei, y el Loureiro ya en la parroquia de Barbadelo, hasta ganar Rente, donde encuentro a Maki, en plan de ver pasar el mundo, pasamos A Sera, cruzando la carretera LU-P-5709 y volvemos a los tramos de caminos y corredoiras para cruzar la LU-633 a la altura de Sistelo, ganando la aldea de Peruscallo siempre yendo al Oeste.

El camino lo voy entreteniendo con la entrada en los cementerios y en las pequeñas ermitas, abiertas algunas de ellas para el auto-sellado de pasaportes santiagueros, y como no entreteniendo el tiempo y pasaje caminero con la realización de fotografías, varias y variadas, como la del macho equino que muestra trazas y pujanza, o la fuente coronada con aquellos viejos símbolos jacobeos del 92, pasando mojones en los que cada uno va dejando sus variados mensajes.

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Los caminos nos presentan el urbanismo latifundista gallego, con sus múltiples parcelaciones y sus peculiares casas y casonas, coronadas con los hórreos gallegos, tan singulares como peculiares, o las berzas que se esparcen por las huertas a modo de densos palmerales.

Durante el camino coincido con una italo-australiana, con sus muchos años y arrugas tirando de su mochila y arrastrando como otros muchos sus bastones. Todo es motivo de objetivo fotográfico, las vacas, las corredoiras y esa neblina que lo envuelve casi todo.

Llegamos al mojón del km 100, lleno de pintadas, mensajes y piedrecitas, no se sí creerme el tema del 100 km, dado como han mojonado las distintas diputaciones, pienso que un mojón tan institucional debería tener otro porte, pero en fin para no creérselo un poco más adelante otro que indica que es el 100. 

En Ferreiros, nos vamos encontrando los tropecientos mil jacobitas y algún que otro heterodoxo, pues no en vano viene a ser algo más de la mitad del recorrido de hoy, y los grupos como digo se van haciendo más densos, por el camino va cayendo alguna Estrella de Galicia, y es donde observamos que el personal se afana con las botellas de agua, y salir con la mochilita de la merienda para ganar su peculiar jacobeo.

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Toca descanso rodeado sobremanera de elemento femenino, que lo invade todo, digamos que este Camino está siendo de las mujeres, las hay por todos los lados, de todas las nacionalidades, de todas las edades, sigo encontrándome con el grupo de ingleses/as con el que he coincidido desde el principio, pues a pesar de mi calmo andar y fotografiar, al final tras sus carreritas me los voy topando aquí y allá, como en este caso en el restaurante-albergue y gastro-bar de Mercadoiro en Paradela, donde paso a comer, pues Makí se ha ido trazado adelante por aquello de que se le hacía duro mi parsimonia caminera.

En Mercadorio, pruebo un buen trozo de empanada gallega, mientras observo los grupos y me deleito con las «vistas» que ofrece una madura inglesa que parece interesada en mi persona e indumentaria, pues no tiene claro si soy judío o u preboste musulmán, o un chalado del Camino, y como parece interesada en los Cementerios, en algunos de ellos hemos coincidido, poco a poco vamos intimando y como el idioma juega en nuestra contra ni yo sé inglés ni ella castellano y el grupo pesa más de lo que desearíamos, pues la invito a mi mesa y deleitarse con la empanada mientras su comanda se elabora, a lo cual accede pese a las risitas y puyas de sus compañeros de camino, pero la glotonería o el hambre hace mucho.

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Salimos juntos del lugar y tras unos escarceos por el entorno religioso y funerario rural, cada uno se reincorporó a su rutinario andar, ella con su grupo y yo sumido en la soledad del trasiego priscilianista, y la gran labor que tendría en estos tiempos el Obispo de Avila, por estos pagos, cuando me doy cuenta una pintada me dice que entro en Vilachá , y su Monasterio de Loio que no veo indicado y que me pasa desapercibido pese a su importancia , pues en la capilla se dice fundaron 12 caballeros las Orden de Santiago, para la defensa y control de la peregrinatio.

El Miño se deja oler, pues la densidad del río aporta más humedad si cabe a la zona y tras dejar atrás Pacios, se cruza el largo puente que da acceso a Portomarín, no sin antes observar paisaje y paisanaje, el primero viendo como las basuras crecen al lado del Camino, ya no son los pañuelitos, ahora ya son restos de comidas, botellas, etc, y no hay mucho servicio de limpieza por la zona, y el paisanaje cada vez le vemos más de sport.

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Al cruzar el puente hacia Portomarín, se ven las antiguas barriadas de San Nicolás y San Pedro yacientes bajo las aguas embalsadas del Miño, lo que sucedió en 1960, y por cuyo motivo se desmontó medio pueblo para edificarlo ladera arriba, lo que se hace duro tras cruzar el puente y tener que enfrentarse a la gran escalinata para dar por concluida la llegada a Portomarín, cuya iglesia fortaleza impresiona.

A la hora que llego, sobre las 4 de la tarde, no hay casi nadie por la calle y más con la solana que cae, algunas terrazas de restaurantes se llenan de extranjeros, dando cuenta de suculentos condumios, mientras se interrogan qué coño hago fotografiando piedras, más allá de los capiteles, ignoran mi interés por las marcas de cantería, que me lleva un buen tiempo recoger cámara en ristre. En eso, que siento que me llaman a gritos, de nuevo el grupo inglés, se instalan para comer y me invitan a comer o a tomar una cerveza y me piden les explique qué coño hago frente a las panoplias de los muros de Portomtomarín.

Acepto la Estrella de Galicia, y como no nos entendemos mediante el tema idiomático, les enseño las fotos de las marcas, y les menciono a los Freemasons y la curiosa escena de la orquesta musical de la portada de Portomarín.

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Quedan extrañados, y me preguntan por mi condición y cualidad, y uno de ellos se fija más en bordón y los colores y números que lleva cada cinta que corona mi vara de bambú, me guiña el ojo, me hace el signo de MM.:. y nos reconocemos como tal. Genial al final de la cerveza sigo mi camino, a pesar de su invitación de quedar con ellos unas horas más, pues ellos se quedan a comer, puesto que para su grupo Portomarín, es lugar de parada y fonda. Algunos ya van muy tocados de ampollas y rodillas.

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Que diferencia de la vez anterior de cuando llegué a esta localidad ya casi anochecida, el ambiente luces y del propio paisanaje, gozando del entorno que de noche es impresionante, también entiendes como ha nacido la industria del taxi-jacobita, pues de los maletones que transportan salen los vaporosos o cursis vestiditos de noche con que se cubren las guiris para cenar o tomar vino. Es toda una paradoja.

Ahora Portomarín presenta otro aspecto y hasta parece que pese a la buena oferta de restauración la cosa va de crisis y se nota en la presión por hacer sentarse al primer peregrino que pase por delante de sus terrazas.

Sigo mi camino pegado a la carretera LU-633 que se hace me hace un poco monótona, tal rota con algún que otro vericueto por las carbayeiras gallegas, la verdad es que el Camino en esta zona ofrece pocas variantes a recorrido paralelos. Por tanto, el objetivo es llegar a Gonzar, donde nuestro Angel de la Guarda (Noemí) ya nos ha reservado litera, en el Albergue Casa García y donde encuentro confortablemente instalado a mi hermano Maki, que me ayuda deshacerme de la mochila y acercarme una fresca cerveza.

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Tras el reposo, aprovechamos el tiempo para lavar algunas ropas, más que nada para quitarles el sudor y los olores del día, y el polvo del camino, y hacer tiempo para la cena,

Yo quería cenar en el Albergue que ya conocía, pro Makí propone que lo hagamos en un otra bar cerca de la carretera, y que dan tapas y raciones, y como tenía empeño, pues tras tomarnos nota y darnos el homenaje de una cerveza, vino muy solicito el duelo con la política de que cliente sentado, comensal seguro  . Veo como evoluciona el posadero, y le tiran más los grupos y las señoras que dos comensales en una esquina, le hago señas de que ya llevamos un rato y no pone el mantel, otro buen rato y trae los cubiertos… Makí se da cuenta del error de la elección, y cuando el ufano posadero  viene tras casi 4o minutos de mariposeo por la sala, se levanta le deja los dineros de la cervezas y nos vanos con cara de pasmo del señor, pero parece importarle poco, pues a la espera hay otros cuantos incautos.

Nos vamos a la cocina del Albergue menos ruidosa y mas confortable  y masificada, y cenamos en la misma mesa en que la dueña y señora de la casa estaba cenando, una de esas viejas mesas gallegas en las que cabe un mundo de gente, y donde contertulianos con la buena señora, que recuerdo de la vez anterior.
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En fin, damos por concluida una etapa más de unos 32 km. Y 1080mts de ascensión acumulada, pese a que el territorio parecía plano.

Fotos de la Ruta:

Mañana Gonzar-Melide, y por fin las buenas raciones de pulpo.

Victor Guerra

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